sábado, 23 de octubre de 2010

Yi Xun también publica... Ánimo, chicas, esto se pone interesante...

UN CAMBIO INESPERADO

Hacía más frío de lo normal. Para ser una zona mediterránea, ese clima era algo extraño. Además, no tan solo era eso, sino que, era raro, pues acababan de llegar la primavera. La chica de pelo castaño y ojos verdosos, se abrazó a si misma mientras esperaba que llegara su mejor amiga. Eso le pasaba por llegar siempre antes de tiempo, sabiendo que la otra era de las que siempre llegaban tarde a sus citas. Decidió levantarse para volver a entrar en calor, a la vez que se arrepentía de no haber traído consigo una chaqueta o algo por el estilo. Ahora se daba cuenta de porqué la llamaban cabezota.
Caminó de un lado a otro, alzando de vez en cuando la cabeza para ver si Carla, la amiga, llegaba ya. Después de dar varios tumbos, la vio aparecer, corriendo. Cuando llegó hasta ella, se disculpó con la respiración todavía entrecortada, a causa del cansancio. Era atlética, alegre y vivaz, pero según ella, llevaba corriendo demasiado, utilizando también como pretexto, el cambio brusco de la temperatura.

Si te fijabas bien, Carla no parecía de esas chicas muy estresadas, todo lo contrario, aparentaba ser de esas que lo tenían todo organizado, preparadas para cualquier problema, sin olvidar la sonrisa que nunca se borraba de su rostro. Era un modelo a seguir, y para Sara era un gran placer tenerla como amiga. A parte de su gran personalidad, también destacaba su físico. Podía ser la envidia de todas las chicas, puesto que era más o menos alta, esbelta y rubia de ojos marrones intensos. Sus facciones podrían decirse que eran casi perfectas.
Pero eso no le molestaba a Sara, para nada. Ella no la envidiaba por su aspecto físico, ya que ésta tampoco era muy diferente a Carla. Quizás se diferenciaran un poco por la altura y el color de pelo y ojos, pero incluso podrían pasar por hermanas.

Las dos muchachas dejaron pasar el tema del retraso de la última, para comenzar a quejarse del mal tiempo que las acechaba. Reflexionaban sobre porqué pasaba esto, porqué pasaba lo otro, cuando, de repente, comenzó a caer unos pequeños copos blancos. Rápidamente enmudecieron, dirigiendo la cabeza hacia el cielo, sorprendidas. Al principio tuvieron que escudriñar la vista para identificar qué era lo que caía sobre ellas. Instantes después, se dieron cuenta, por lo que las dos emitieron una leve exclamación, al unísono. Era nieve, y cada vez caía más y más. Carla, que al menos llevaba una chaqueta, miró a Sara, quien seguía con la vista posada en el cielo, con una notable preocupación, por la simple razón de verla en manga corta bajo un temporal más bien frío. Decidieron resguardarse en algún lugar cálido, pues ninguna de las dos quería acabar en cama esa misma noche.

Llegaron a una cafetería no muy lejos del lugar donde se encontraban, agradeciendo que estuviera abierta. Pudieron captar varias conversaciones de la gente que pasaba a su alrededor, comentando el cambio drástico del clima. Además, hacía mucho tiempo que no nevaba, por lo que los más pequeños de las familias no aguantaban estar en casa.
Pidieron un chocolate caliente las dos, y se sentaron en uno de los muchos sofás vacíos. La primera de las chicas, Sara, miró al exterior. El paisaje ya estaba tornándose de un color pálido, blanco como las flores de un peral. Podía notarse cómo soplaba una leve ventisca, haciendo que los copos cayeran de una forma diagonal. Árboles, coches y demás ya estaban casi cubiertos por ésta. Tan solo faltaba que cuajara la nieve del suelo. Esa parte siempre era la más difícil.
Como rayos, unos niños pequeños corrieron hacía el parque más cercano de esa zona. Todos y cada uno de ellos esbozaban una gran sonrisa en su rostro. No podía oír sus risas, pero aun así intuyó que lo hacían. ¿Quién no estaría feliz en un día como ése? Ni el más pobre de los pobres estaría triste.

Y con una gran sonrisa, las dos chicas comenzaron a reanudar sus típicas conversaciones, sorbiendo cautelosamente sus chocolates calientes. Aunque comenzaran mal el día, acabaron con un día redondo. Nieve de fondo, chocolate caliente entre manos y una entretenida conversación, ¿qué más se podría pedir?


Yi Xun (IV ESO B)

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