Cada año iba de vacaciones a viajar por el mundo junto a mis padres, pero aquel verano las cosas cambiaron... Mis padres se separaron ese mismo año, y mi padre se fue a vivir a Londres. Mi madre conoció a Carlos, un hombre muy simpático y buena persona.
Aquel verano yo tenía previsto irme a estudiar Inglés a Nueva York, pero mi madre no quiso que me fuera, ya que habían decidido pasar el verano en Villafranca, el pueblo donde Carlos nació, y donde estaba toda su familia. No me apetecía ya que me había comentado que era un pueblo muy pequeño, por lo que decidió venirse a vivir a la capital: fueron suficientes motivos para odiar aquel pueblo…
Llegó el día, teníamos que hacer las maletas y yo no sabía qué llevarme, ya que seguramente no saldría en todo el día de casa, ya que no habría gente de mi edad.
Nada más subir al coche, me quedé dormida en el asiento trasero, y cuando me di cuenta ya estábamos llegando. La casa era un lugar pequeño y cálido, las habitaciones estaban muy limpias, y las paredes estaban pintadas con un color pastel. Mi habitación era una de las más sencillas, pero a la vez de las más bonitas… Tenía una cama individual con una colcha con estampado de flores, un armario de color marrón y una mesita con una pequeña lámpara.
Después de observarlo todo, decidí salir a saludar a la familia de Carlos, que vivían en la casa de en frente. Allí estaban Carmen y Juan, sus padres, junto a sus tíos y primos. Eran muy simpáticos, pero no había nadie de mi edad.
Era la hora de comer, y aún no habíamos comprado el pan, así que mi madre me obligó a ir a comprarlo a la plaza.
Junto a la panadería había un grupo de jóvenes que cuando pasé se me quedaron mirando extrañados y murmuraron algo. Cuando compré el pan aún estaban allí. Un chico muy guapo me hizo un gesto para que acudiese allí. Estuve hablando con ellos un buen rato, me parecieron simpáticos, pero había uno en especial, justamente el que me hizo el gesto para que fuese, que me gustó muchísimo. Era muy guapo, se llamaba Miguel.
Nos hicimos muy amigos, de vez en cuando venía a casa a comer con mi familia, a veces íbamos a las afueras del pueblo en bicicleta a pasar el día… Fui pasando un gran verano con él, pero a medida que pasaba el tiempo me di cuenta de que cuando mi madre me preguntaba por él me ponía colorada, y que siempre estaba pendiente del móvil para ver si me había llamado; así que llegué a la conclusión de que me gustaba. Pero eso no era una buena noticia, ya que me daba miedo de que él se diera cuenta y me dejara de lado.
Pasaron los días y no recibía señales de Miguel. Las demás chicas del pueblo vinieron a llamarme varias veces para bajar a la plaza un rato. Decidí bajar a despejarme un poco, y cuando bajé, ellas tampoco sabían nada de él, aunque me comentaron que solo bajaba al pueblo para las vacaciones, pero siempre se despedía antes de irse, pero aquel año no lo hizo…
Al día siguiente recibí un mensaje al móvil, y me sorprendí cuando vi de quién se trataba… era Miguel. Me pedía disculpas por no haberme avisado de que se iba una semana al pueblo de su madre, ya que estaban sus primos y quería verlos. En el mensaje también ponía que si quería quedar con él en el puente del pueblo a las seis y media.
Me puse lo más guapa posible, tan solo iba a ir a un viejo puente, que por debajo corría el río… pero lo importante era que iba con Miguel, y hacía mucho tiempo que no lo veía.
Cuando llegué Miguel no estaba, pasó un cuarto de hora hasta que vi una sombra aparecer de lejos corriendo, y poco a poco su figura se fue acercando hasta que llegó al puente. Iba vestido con una camisa a cuadros y con unos tejanos desgastados; sencillo, pero muy guapo.
Estuvimos hablando un buen rato, y me explicó cómo le fue por el pueblo de su madre, me contó que se había aburrido bastante, ya que sus primos eran pequeños, y allí no había chicos de nuestra edad.
El sol comenzó a desaparecer, y ya era hora de que me fuera a casa a cenar, así que nos levantamos para irnos hacia el pueblo, pero cuando comencé a cruzar el puente, me detuvo y me cogió de la mano, y cuando me giré, me besó.
Me comentó que había sido un gran verano junto a mí, y que me iba a echar mucho de menos, ya que hasta el siguiente verano no nos veríamos. Yo le confesé que desde que lo vi me gustó muchísimo, pero que no me habría pensado jamás que él sintiera lo mismo por mí.
Cuando llegué a casa, me comentaron que al día siguiente nos iríamos hacia Barcelona, ya que Carlos comenzaba a trabajar dentro de tres días, y teníamos que prepararlo todo.
Nada más acabar de cenar me fui hacia casa de Miguel, y le dije lo que me había pasado… Me dijo que tendríamos contacto durante el año, y que en Octubre cumpliría diecisiete años y se sacaría el carné de moto para poder visitarme, ya que él vivía en Gerona.
Estuve un buen rato con él y con los demás, y después me fui a casa a dormir, más pronto de lo normal, ya que nos tendríamos que levantar a las siete para irnos de vuelta a Barcelona.
Siempre recordaré este verano, ha sido uno de los mejores de mi vida. He aprendido que no hace falta grandes cosas, ni grandes sitios para pasar unas semanas inolvidables. Espero poder repetir el año que viene, y muchísimos más. Pero para eso primero tendré que estudiar mucho.
Alba León (IV ESO A)
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