miércoles, 15 de diciembre de 2010

María Rodríguez también publica...

Historia inspirada en la imagen del paisaje al atardecer...

Mike apagó el móvil. No quería hablar con nadie. Después de un día horrible, lo último que quería era escuchar la voz de su madre preocupada preguntándole dónde estaba. Ya sabía dónde estaba. Cuando se enfadaba, Mike corría al lago. Hiciese frío o calor; la sensación del agua envolviéndolo lo calmaba.
Tras unas cuantas brazadas, se quedó haciendo el muerto con los ojos cerrados. El sonido del bosque lo envolvía. Nunca se cansaría de ese momento, pero se hizo de noche, y el frío hacía que le dolieran las extremidades. Salió rápido del agua y se vistió. Se puso todas las capas posibles, cogió la mochila y se dirigió a casa. Aunque el verano acababa de terminar, el frío empezaba con fuerza. Se colocó los guantes y el gorro sintiéndose estúpido, ya que sólo era noviembre.
Comenzó a andar cada vez más rápido, notando que sus manos se volvían azules por segundos. Cuando llegó a casa, su madre lo esperaba.
-Mike, han venido a verte…- Mike no escuchó nada más, ya que había cerrado la puerta de su habitación.
Se disponía a cambiarse de ropa cuando escuchó una respiración que no era la suya. Jess lo miraba fijamente. Al principio no dijo nada. Parecía que estaba intentando averiguar cómo reaccionaría a lo que pretendía decirle. Él no tenía ganas de esperar horas a que ella hablara.
-Jess, tengo mucho frío, ¿piensas decir algo o puedo hacer como si no estuvieras aquí?
Ella no contestó. Mike se acercó al armario y cogió ropa para cambiarse. Cuando fue al lavabo intentaba excusarse ante sí mismo convenciéndose de que Jess no debería estar allí, y culpando interiormente a su madre por dejarla entrar.
Una vez estuvo vestido y con el pelo seco, comprobó que Jess seguía allí.
-Lo siento, no ha sido un buen día y tenía mucho frío- murmuró él.
-Lo he imaginado- contestó ella mirándolo a los ojos- Mike, esto tiene que acabar. No puedes dejar que te sigan tratando así. Enséñame el brazo.
Se subió la manga izquierda del jersey y le mostró el cardenal que rápidamente había aparecido allí.
-¿Cuánto tiempo hace que pasa? ¿No pensabas decírmelo?
Él no quería responder a esa pregunta. Hacía bastante tiempo. Ni siquiera recordaba cuando comenzó, pero sí cómo empezó. La típica broma inocente, el típico mote amigable… A partir de ahí empezaron las peleas. Mike era consciente de que debería haberlo parado cuando aún estaba a tiempo. Pero el orgullo pudo con él, al fin y al cabo, estaba convencido de que él solo podía solucionarlo.
-Supongo que eso es un “no” -dijo Jess, interrumpiendo sus pensamientos.
-¿Qué querías que te dijera? –murmuró Mike.
-Quizá quería que confiaras en mí, que compartieras eso conmigo…
Hubo un silencio incómodo de unos treinta segundos, que a ambos les resultó eternos.
-¿Sabes una cosa? La semana pasada, John me invitó a cenar. Yo le dije que no, que estaba muy liada. Quizá mañana cene con él. Siempre me había parecido buen chico. ¿Crees que me habría gustado descubrir, si es que fuéramos a salir, que mi mejor amigo está siendo agredido por mi novio? ¿Cómo te sentirías tú?
- Ni siquiera conoces a John, ¿por qué querrías salir con él?- de repente Mike se enfadó.
“No me gustaría que salieras con él ni que fuera mi mejor amigo”, pensó para sí mismo.
Lamentablemente, había muchas cosas que Jess aún no sabía.
María Rodríguez (IV A)

1 comentario:

Ruth Mestre Sánchez dijo...

Me encanta, Mariah, me encanta :D